Obamamanía
Sábado, noviembre 15th, 2008Siguiendo mi costumbre de estar en contra de estar en contra, he de decirles que no me gusta Barack Obama. Detrás de esa sonrisa encantadora, diseñada para ser lucida en la campaña con unos dientes perfectamente alineados y blanqueados, nariz ancha de afroamericano y simpáticas orejillas de soplillo, se esconde un cerebro capaz de elaborar pensamientos con los que no estoy en absoluto de acuerdo.
No quiero arruinarle la fiesta a ningún norteamericano orgulloso de ver como su meganación parece haber superado las diferencias raciales. Por mí, estupendo y que disfruten por muchos años. Mi indignación es con el resto de seres del mundo, que apenas han empezado a escuchar el nombre de Obama y ya lo aman fervorosamente, aceptándolo como líder de líderes, como cabeza visible del imperio elegido por dios amén; festejando su victoria y lanzando consignas de cambio y promesas del Edén.
La esperanza es un sentimiento precioso pero la consciencia de la
realidad es necesaria en todo este proceso y me hago eco de las palabras de un gran periodista, analista político e ídolo de toda una generación, Felipe Sahagún, cuando digo que “ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo”.
Por otro lado, quien haya seguido la irregular periodicidad de mi blog, se habrá hecho la idea de que la línea que sigue es contraria a cualquier tipo de preconcepto racial, religioso o cultural. Además, apoya argumentadamente a la causa palestina y al derecho de este pueblo a gozar de la soberanía de su estado, unido territorial y políticamente.
Es por eso por lo que el discruso de medias tintas de Obama no me satisface. Su sed de apoyos sionistas, su red de colaboradores y sus artículos y declaraciones pasadas me hacen recelar de su formula de “bueno para todo”.
Sólo el tiempo nos dirá si es capaz de levantar la roña y la grasa incrustada en el conflicto de Oriente Medio. Mientras tanto, y desde la sombra de mi blog, te estare acechando Barack Obama…











