Al caminar, el miedo se disipa
Jueves, Agosto 6th, 2009
En eso se basa mi teoría de caminar por los sitios como si tuvieras unas frondosas sentaderas.
Mi día comenzó sin demasiadas expectativas. Tras la ducha de rigor, mi chipenglish se activó automáticamente y pude hablar con las americanas con las que compartí la noche, Ashley y Ann, quienes me aseguraron que visto el Acrópolis, vista Atenas. Por recomendarme algo, me mencionaron que habían visitado el Templo de Zeus Olímpico, justo al lado de nuestro albergue, así que decidí comenzar mi visita por ahí.
Fue el templo más grande de toda Grecia y contaba con 104 columnas de las que en la actualidad sólo quedan 15 de pie y una tumbada. Puede que muy cerca de ustedes, en alguna capital de las potencias colonizadoras, se encuentre el resto ya que Grecia, junto con Egipto, lidera la lista de países con mayor número de expolios sobre su patrimonio histórico-cultural. Poco a poco, los griegos están siendo cada vez más conscientes de esta situación y comienzan a reclamar la devolución de sus pertenencias animados gracias a la importante labor de museos e instituciones como el Nuevo Museo del Acróplis que defiende la vuelta de los frisos del Partenón desde el British Museum a su templo originario.
El Templo de Zeus Olímpico me dió la oportunidad de jugar a sacar fotos desde perspectivas que me parecieron curiosas en un principio porque incluían el Acrópolis al fondo, la columna tumbada y el monte Licabeto al otro lado. Juegos que como resultado dieron la foto con la que he comenzado mi entrada de hoy. Sin embargo, al darme la vuelta, vi a un nube de asiáticos disparando lo mismo que yo y recordé las palabras de Maruja Torres: “guapa, que tú yo no hemos inventado nada”.
Continué pues mi paseo adentrándome en los Jardines del Parlamento, donde los señores mayores se reunen a jugar al backgamon aunque cuando yo pasé aun se encontraban precalentando el ambiente con una divertida cháchara de manera que me quedé sin jugar con ellos pero me lo cobré con una foto.
Aunque no me llamase la atención en un principio, intenté apresurarme para ver el cambio de guardia que se lleva a cabo a cada hora en punto pero mi sentido de la orientación sobre un mapa está dejando mucho que desear últimamente por lo que rodeé el edificio por el lado opuesto de donde se situa la guardia. Con ello no sólo llegué tarde a la exhibición de valentía de los guardas sino que pude conocer a la tortuga Mery cuando huía despavorida de las tijeras de un jardinero, cruzarme con los guardas en persona que daban la vuelta al edificio a la vez que aprovechaban la escasa vigilancia sobre ellos para lanzar besos a las turistas y, lo que consideré una señal de los dioses del Olimpo, vislumbrar a lo lejos la bandera egipcia y entusiasmarme por haber encontrado la Embajada de Egipto en Atenas.
Paseé por el barrio de Syntagma y entré en una librería de ensueño, con cafetería incluída como la que siempre he querido montar y que espero tener la oportunidad de llevar esto a cabo en algún momento de mi vida (que queden por escrito mis amenazas).
De allí, decidí subir al Monte Licabeto acompañada de un frapé bien helado.
Existe un funicular que lleva a la cima de la montaña pero se coge ya casi a la mitad del camino así que para la primer parte del trayecto la oferta es una escalinata empinada de la cual no se ve el final pero que proporciona descanso cada 30 escalones en unos coquetos banquitos a la sombra. Las vistas bien merecen la pena pero aun fue mejor recibida la refrescante lluvia que nos sorprendió en la cima.
Mi amiga Silvia, la que está haciendo el voluntariado, me esperaba para almorzar un gyros como el que no nos habíamos comido la noche anterior y después de que nos hubiéramos sacado la espinita la acompañé a su hotel, el AthenStyle. Preparamos el bar para la fiesta que dan esta noche por motivo de la luna llena (para la cual me largo pitando en breve instantes) y me despedí para seguir con mi ajetreado día de visitas que me llevaría a cerrar la tarde con la tienda de sandalias más famosa de toda Grecia, la del artesano Melissinos y de la que no pude salir sin unas tras haber sacado tantas fotos como quise.
Por la tarde, encuentro tiempo para entrar en la Biblioteca de Adriano, en el Ágora Antigua y para contemplar la puesta de sol desde el Monte Areópago, dónde me llegó la inspiración para unos 4 libros escuchando a María Callas.
De vuelta a mi albergue, cinco simpáticos chicos de Irán, Bélgica, Canadá y EEUU me esperaban con una botella de Ouzo para brindar por nuestro encuentro, aprendernos nuestros nombres y cachondearnos un poquito del estadounidense ya que su estado, Colorado, es conocido en el mundo entero por algo más importante que por las rocosas como lo es la película genial película de Jim Carrey “Dos Tontos muy Tontos”.
Si el día ha resultado productivo, la noche se presenta aun desafiante. Como buena seguidora de Dionisios que soy no me dejaré intimidar y me perderé de nuevo en esta ciudad que ya nos grita para que salgamos, alentados por el influjo de la luna llena que promete una noche eterna.










