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Miércoles, marzo 18th, 2009Cada mañana nos levantamos preguntándonos qué estará ocurriendo a pocos kilómetros de aquí. Nos alegramos con sus victorias, nos alenta el espíritu de lucha de los pueblos que se encuetran oprimidos y nos entristece profundamente cuando empresas o gobiernos (si es que no significan lo mismo) maltratan a sus habitantes.
Pero África no se encuentra solamente en esa masa de tierra ya que al ser la zona del planeta con menor reparto equitativo de la riqueza -que no con menores recursos-, es también el área más dependiente de lo que ocurre en el resto del planeta. Asimismo, el norte, rico y avanzado, mira con frecuencia desde la superioridad a sus compañeros de globo sureños, no tan avispados y bastante más limitados, creyéndose capacitado para opinar sobre cualquier ámbito que le concierna a estos, sin analizar o estudiar convenientemente propuesta.
Muestra de ello son las palabras de Benedicto XVI, en su visita de 6 días al continente de 53 países, que en seguida han saltado a los medios sobre el problema que representa el uso de preservativos en la lucha contra la expansión del sida. Han leído bien: en palabras del sagrado pontífice, la barrera protectora más eficaz contra las enfermedades de transmisión sexual no es una solución sino un obstáculo para frenar a la principal de ellas, el sida, que está asolando países como Zimbabue, Botsuana, Kenia, Costa de Marfil, Zambia o Burkina Faso.
Esta semana hemos presenciado como espectadores ajenos, y aunque no lo seamos tanto, a la consumación del golpe de Estado en Madagascar, a la expulsión de las agencias de ayuda humanitaria de Sudán (en respuesta a la emisión de la orden de arresto internacional contra el presidente de Sudán, Omar al Bashir, la pasada semana), a la convocatria de elecciones anticipadas en Guinea, al secuestro y posterior liberación de tres miemebros de Médicos Sin Fronteras en Darfur, a la firma de un acerdo entre Libia y Rusia para la venta de armas por valor de 200 millones de dólares…
En fin, demasiados temas en una semana, demasiados países en 6 días, demasiados asuntos trascendentes y demasiados problemas por los que seguir trabajando en la búsqueda de soluciones como para quedarnos impasibles ante las declaraciones de un señor, pastor principal de la Iglesia, que no ha tenido tiempo antes para acordarse de esta zona del mundo y que en menos de dos días pretende echar por tierra los esfuerzos y duros años de trabajo de africanos y cooperantes internacionales por normalizar el uso del condón y frenar de la manera más sostenible y con menor injerencia farmacéutica posible a la enfermedad sin cura (con lo que las medidas preventivas multiplican su importancia) más mortífera y difundida del continente.
Pues para eso, se hubiera quedado en casa.













El papel de Senegal, país anfitrión de la Cumbre Islámica que se desarrolla en estos días, y el de su presidente, Abdoulaye Wade, ha sido primordial ya que en gran parte dicho acuerdo se ha alcanzado gracias a su mediación. A la firma del Acuerdo de Dakar, como así se ha dado a conocer, asistieron también el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, el presidente de Gabón, Omar Bongo Odimba y representantes de la Unión Europea, EEUU, Francia y la Organización de la Conferencia Islámica.