Despedida de Santorini
Lunes, agosto 10th, 2009Cuando llego al cruce que señala mi destino, Kamari, cambio el rumbo y sigo recto para dar, sin esperarlo, con el aeropuerto de la isla. Detrás de él descubro una playa asilada y desierta de piedras, oculta tras unos matorrales al pie de la carretera. La marea y las piedras han dejado un vadén que ofrece una segunda barrera para el que pase por la carretera (la primera son los matojos). Me creo así mi propia playa paralela al mundo turístico en la que pasan aviones en todas las direcciones e imagino a donde irán. Saco fotos a pie de orilla.
De mi playa, decido dirigirme a Kamari, y de nuevo, de camino, decido cambiar el destino para visitar la playa de Monolithos. Los anteriores usuarios del coche, un Chevrolet Matiz, se dejaron una tarjeta de su hotel que reconozco nada más bajarme del auto. Nada pasa por casualidad, vale, ¿pero esto tiene algún sentido?
Hablando de situaciones sin sentido y a vueltas con mi karma, en estos días he llegado a la conclusión de que en mis vidas anteriores he debido ser una persona muy recta y consecuente porque mi vida es, en todos los sentidos, un auténtico paraíso: los problemas que tengo son auténticas tonterías (se me pasa la hora para ver el cambio de guardia, no llego a tiempo del Festival Full Moon de Atenas, dejo mi gorro de paja veraniego en el ferry que va entre las islas: cómo habrá viajado, qué envidia me da, en qué cabeza estará ahora, qué estará pensando la cabeza que lo porte, en qué idioma hablará, no importa, seguro que compartiríamos muchos sentimientos, a las dos –cabezas- nos gustaría procesar una nueva puesta de sol en Ia, por ejemplo ). Seamos serios, nada de eso son problemas.
00.00h – Transporte desde el camping hasta el puerto. Españolas borrachas se cuelan en el autobús del Camping que lleva a sus huéspedes al puerto. Las oigo gritar desde que están intentando meter sus mochilas en la bodega de la guagua. Suben escandalosamente en el bus lleno de educadísimos franceses y de dormidísimos británicos. Al llegar donde estoy yo, que no dejo de mirarlas y reirme, me preguntan en un inglés de Villanueva: “is this bus going to the port?” “Sí, soy española” “Oh, great! Thank you very much!”. Están tan excitadas que no les da tiempo de procesar. “De nada mujer, que te he dicho que soy española”, insisto y empezamos a reirnos frenéticamente mientras dicen “ah, are you from Spain?” y otra: “¡qué es española, tronca!”. Las invito a que se relajen y bajen un poco la voz, que se note que “ya semos europeos”.
“¿Sabes qué?, la culpa ha sido del vino, de las 4 botellas, que nos hemos enredado y luego vimos una piscina y nuestro barco sale a las 00.40, que eso es en 40 minutos, y no teníamos bus para bajar al puerto y le he dicho a mis amigas, a que no sois capaces de meteros en la piscina, a que no hay huevos y nos hemos metido claro y entonces cuando hemos salido y cogido las cosas hemos visto un bus rosa y le preguntamos que si iba al puerto y nos ha dicho que sí, y que viva Puerto Rico y hemos entrado sin pagar ni nada”.
Qué grandes momentos de ayer y hoy. Les ha crecido una flor al final de la espalda y lo celebro con ellas. Para darle más emoción a la cosa, el desvío la puertos está cortado debido al desarrollo de un festival de música (a mi no me miren) y la guagua tiene que dar un rodeo.
“Voy a mirar el reloj, chicas”, les anuncio ya contagiada por su nerviosismo y justo antes de comenzar a descender hacia el puerto. “Ay, si son las y media no me lo digas”. Son y 23. Aplausos y gritos de júbilo. Desde arriba puede verse que no hay ningún barco atracado. Las cuatro estudiantes de periodismo madrileñas (Dios las cría y ellas se juntan) y yo besamos la gloria. Al llegar al puerto aplaudimos y parte de los franceses nos secundan condescendientemente, que por algo siempre nos dan algo en Eurovisión.
El chófer, cuando están en tierra les dice algo como “exception before, 2 euros each”. Me río burlónamente mientras se rascan los bolsillos. Pero el chófer viene a por mí también, me río y le digo, “no, listen, I’m not going to pay twice” me mira a los ojos y sabe que no voy de farol pero aprendí la moraleja, cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar, o sea, interpretación libre de un refrán que no significa que no hay que reirse de las desgracias ajenas. Entre otras cosas.

























