Sobre Mi

Me llamo Iluminada Armas Rodríguez y nací en 1984, después de que una naranja les animara a gritar gol a escala mundial, seis años más tarde de la aprobación de la constitución sobre la que sólo olvidaron preguntar a los que aun no habíamos llegado, tras la guerra y la dictadura, tras la etapa candente de la Transición, tras el primer desnudo integral...

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    La vida como nuestro tiempo

    El tiempo corre deprisa, no se detiene ni un instante. El presente, si es que existe, se esfuma ante nuestros ojos sin que podamos percibirlo. Hay que aprovechar el momento para recapacitar y aprender de lo vivido, intentando homenajear a cada paso a quienes nos han hecho ser quienes somos y se han marchado pero sin que ninguna sombra gris empañe su recuerdo y no nos convirtamos en estatuas de sal.

    Motivos para echar de menos, para el egoísmo o la dañina envidia, nos sobran a cada uno. Pero el tiempo es el único juez inmutable y su sentencia es correr, precipitarse, desvanecerse. La vida es breve para el atareado, para la ociosa, para el que no prevé las consecuencias de sus actos, para la que se abandona a sus vicios y enfermedades. En cambio, una disposición ordenada y pausada de la vida, que permita repasar los hechos pasados, analizarlos y sacar conclusiones, es una vida con sentido, creando y formando a las personas del mañana como auténticos seres, humanos.

    Lo de tener que estar en posesión de un carnet para poder ser padres me parece una irresponsabilidad por adelantado casi aun mayor que traer un hijo al mundo para abandonarlo en una sociedad en la que vivimos más preocupados por no llegar tarde que por llegar a la hora. Si ni siquiera somos capaces de buscar el tiempo para plantearnos ser buenos padres y madres, ¿cómo vamos a conseguirlo para ir a los cursos con los que adquirir la licencia?

    Permítanme caer en un par de clichés y frases hechas, fruto del acervo popular. Si bien nos enseñaron que el tiempo es oro quizás sería conveniente precisar qué clase de tiempo es realmente el valioso porque el dinero, como reza el proverbio indio, no se come. Y hablando de frases emblemáticas, una de Tolkien: sólo tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha dado.

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