Último día en Atenas, por ahora
Las palabras de las americanas del primer día nunca se hicieron ciertas ya que mi sed por conocer más de la ciudad aumentaba por momentos, a medida que alguien mencionaba la existencia de un barrio o yo misma los descubría al andar perdida. No obstante, el hecho de venir de vacaciones me apremia para seguir visitando otros lugares del país, satisfecha por haberme llevado una muy agradable impresión de su capital. Como la temporada acompaña y parece que por fin la temporada de prohibición solar sobre mi piel ha tocado a su fin, decido ir a Santorini.
Santorini es la principal isla de las Cícladas y uno de los puntos turísticos más importantes del país por sus bellas playas y sus populares puestas de sol. Muchos griegos reservan su primera vez en la isla para ir con la persona especial y no es que la llamen la isla del amor pero sí se extrañan de que alguien quiera ir sin una compañía romática.
A pesar de que había leído que los viajes en este país no se programan y que siempren se dejan para el último momento, rasgo que parece extenderse por otras zonas bañados por el Mediterráneo, creí conveniente bajar al puerto de Pireos un día antes con la intención de preguntar sobre la disponibilidad de los barcos, horarios y tarifas.
La respuesta que recibí en las distintas agencias de viaje por las que pasé fue que no había plazas libres el día siguiente en ningún barco hacia Santorini. Regresé a la primera agencia, donde la dependienta había mostrado cierta esperanza anteriormente y puse a prueba mi tenacidad que otros llamarán cabezonería. Siendo una cosa u otra, al final conseguí un billete eso sí, bajo el nombre de otro pasajero que había cancelado su viaje un día antes.
Con el billete en mano, regresé a Atenas para acercarme al barrio universitario y de aire bohemio de Exarchia. Sin duda, una de las zonas en las que viviría gustosa si algún día fijara mi residencia en la ciudad. Céntrico y con gran vida pública, sus calles no dejan de rebosar animación y de ofertar actividades aunque estemos en verano y los estudiantes hayan salido a disfrutar de sus vacaciones.
En Exarchia se respira amor por la vida aunque también es cierto que al llegar a una de las fronteras del barrio, la plaza de Omonia, el amor parezca desviarse hacia las drogas duras administradas en medio de la calle.
En la calle Ermou nos detuvimos a visitar una exposición en uno de sus bares mientras íbamos en dirección a Gazi, la zona predilecta por los atenienses pachangueros para salir de marcha de la que tanto había oído hablar la noche anterior como “la gente sale por ahí pero a mi no me gusta”.
Silvia y yo cenamos un gyros no sin apreciar la inisistencia de algunos kamakis y nos dimos una vueltita por un par de locales con buena pinta pero no tan cool como para hacerme perder el ferry del día siguiente a las 8 de la mañana. Con aire melancólico y recordando al 7 Jockers de la noche anterior, volví al Athens Studios para descansar unas horas antes de mi viaje a Santorini.
En la puerta de mi habitación, un grupo de simpáticos franceses intentaban abrirla sin éxito…










